Abr 6, 2015

Enviado por en Casa y Familia, Variados | 0 Comentarios

Como Convencer A Los Hombres A Ocuparse Más De La Casa

Como Convencer A Los Hombres A Ocuparse Más De La Casa
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Ser mujeres modernas implica que seamos multitasking: nos ocupamos de diversas tareas al mismo tiempo. Somos empleadas, emprendedoras, amas de casa, madres, hermanas, hijas, tías, esposas o novias, vecinas… Y por supuesto, buscamos hacerlo todo a la perfección, y además, queremos que nos sobre tiempo para nosotras. Un poco difícil, ¿verdad? ¿Cómo hacer para trabajar, ocuparnos de la casa, de la familia, de los amigos, y además tener tiempo para nuestros rituales de belleza, para leer un buen libro o simplemente relajarnos con un buen baño de inmersión?

Cuando vivimos en pareja esto es todavía más complejo: nuestros esfuerzos se duplican. Compartimos el hogar con una persona a la que queremos seguir conquistando todos los días. Nos esforzamos para vernos bellas, para hacerlo feliz y para que la llama del romance no se apague. Y muchas veces, con tal de mantener a nuestra media naranja contenta, nos ponemos al hombro todas las tareas de la casa sin pedir ayuda. ¡Pero nos estamos olvidando que hay dos personas viviendo allí! No es tu novio o tu marido el que está pasando la noche bajo tu techo: el lugar es de los dos, y por eso corresponde que sean los dos los que se encarguen por igual de su cuidado, su limpieza y su orden. Es momento de repartir responsabilidades y recordar que el hombre también tiene la capacidad y la obligación de aprender cómo se maneja un hogar, de entender que no es tarea únicamente femenina, y de saber que ya no estamos en la edad de piedra. Los tiempos han cambiado, y si el hombre no se adapta, ¡se quedará atrás!

 

Tú No Eres Ni Su Mucama Ni Su Madre!

Están viviendo juntos como dos adultos responsables en pareja. Y quiero subrayar aquí dos palabras: “adultos” y “pareja”. “Adultos” porque implica responsabilidades, estar a la altura, vivir de manera independiente y contar con ciertos conocimientos y capacidades que un niño no tiene. No deberían ni siquiera pensar en la posibilidad de convivir si alguno de los dos no está preparado para crecer, para hacerse cargo de la ropa sucia, de lavar los platos, pagar la factura de la luz o hacer la comida. Con esto quiero decir que quien busca irse a vivir en pareja pero no está dispuesto a aceptar las responsabilidades, mejor sería que se quede en la casa de sus padres. Pero atención, porque esto también tiene consecuencias: ¡jamás va a poder crecer ni hacerse cargo de una familia!

“Pareja” es otra palabra importante, porque nos da a entender que estamos en una situación de “paridad”. Son dos personas, dos pares, que comparten una vida juntos sin privilegios para uno ni para otro. Esto implica una división equitativa de las tareas del hogar y de las responsabilidades que hay que tomar a la hora de convivir. Si uno paga las facturas, el otro se encarga de hacer la lista de las compras. Si uno cocina, el otro pone y levanta la mesa. Si uno lava la ropa, el otro la dobla y la guarda. Si uno limpia las ventanas, el otro lava el auto. Y así sucesivamente. ¿Y saben qué es lo más importante? Que uno no tenga que recordarle al otro día tras día cuáles son sus tareas: cada uno debe hacerlas automáticamente. ¡Tú no eres su madre! Él es un adulto responsable que eligió vivir contigo y compartir un hogar, por ende, debe hacerse cargo de sus tareas de manera automática, sin tus ruegos o tus presiones de por medio.

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¿Lograr La Ayuda De Los Hombres En La Casa Es Una Utopía?

Entiendo que muchas de ustedes deben estar pensando “claro, en un mundo ideal y perfecto el hombre se da cuenta solo de sus responsabilidades, pero mientras tanto mi pareja está tirada en un sillón mirando tele y yo le tengo que pedir veinte veces por día que se levante y me ayude a lavar los platos”. Claro, no es difícil, y lamentablemente muchos hombres no vienen con el chip de “ayudar en la casa” incorporado. Sus ayudas no son automáticas. Aquí, entonces, debemos sacar a relucir técnicas más complejas no para convencerlo, sino para que él solito cambie su manera de pensar (y de hacer).

  • Hablar y hacerlo sentir importante: lo primero que debemos hacer es dejar en claro que estamos compartiendo vidas bajo un mismo techo, y que compartir no significa que tú te tengas que hacer cargo de todo, sino que todo será mitad y mitad. Haz una lista de las tareas de la casa y pídele que elija la mitad. Dile que a partir de ese momento esas tareas serán SU responsabilidad, y que de él depende que se lleven a cabo de manera exitosa. Dile que su colaboración es súper valiosa e imprescindible para el correcto funcionamiento de la casa, ¡algo absolutamente cierto! Trataremos, así, de hacerlo sentir importante y que vea estas nuevas responsabilidades como algo positivo.

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  • Tú también estás cansada: en las épocas de mis bisabuelos la mujer no salía de su casa para trabajar. Se quedaba todo el día en la casa cocinando, limpiando y planchando para que cuando el marido llegara cansado del trabajo encontrara todo perfecto. Bueno, esto hoy en día ya no sucede. La mujer moderna sale a trabajar la misma cantidad de horas que el hombre, agotándose a la par de él, física y mentalmente. Y nadie la espera con la comida hecha y la casa reluciente cuando ella llega del trabajo. Y eso es súper importante que él lo entienda, porque así como los dos trabajan y vuelven cansados, los dos son los responsables por igual de mantener el hogar funcionando como corresponde. El cuidado colaborativo de la casa, además, los fortalece como pareja, los convierte en adultos responsables y los prepara para cuando tengan hijos. Porque, si no son capaces de llevar adelante un hogar, ¡imagínate lo que puede suceder cuando decidan tener un niño!
  • El último recurso: si aún con todas estas razones tu hombre no entiende que llevar adelante una convivencia es cosa de dos, y sigue sin ayudarte con las tareas de la casa, es momento de ponernos firmes. ¿No quiere lavar la ropa y siempre terminas haciéndolo tú? No lo hagas más. En todo caso, lava únicamente tu ropa, y dile que no lo ayudarás más en tareas que corresponden a él. Cuando ya no tenga más calzoncillos limpios, forzosamente deberá ir a cargar el lavarropas. ¿Deja toda su ropa tirada en el piso? Haz una hermosa alfombra de remeras y pantalones desde la entrada de la casa hasta el dormitorio, para que sea inevitable pisarlos durante ese trayecto. Cuando él vea que está todo tirado y pisado se encargará de dejar su ropa ordenada. Acto seguido, explícale que él ya no es un niño y que si no quiere que tú reacciones de esta manera, entonces deberá comportarse como un adulto. Debes hacerle entender que tú no has ido a vivir con él para ser su mucama, sino para compartir una vida juntos de manera “pareja”, como explicamos más arriba. Y que deberá estar a la par tuya en todo sentido, incluso en lo que compete a las tareas del hogar, para llevar a cabo una convivencia exitosa.

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Se trata de entender que los dos son importantes y necesarios por igual a la hora de mantener un hogar, y que trabajando juntos van a lograr resultados muchísimo mejores que si lo hiciera uno solo. Lo maravilloso de vivir en pareja es que la unión hace la fuerza, y que dos hacen mucho más que uno.

Y tú, ¿has tenido alguna vez problemas similares con tu pareja? ¿Has podido resolverlo, cómo lo has logrado? Si aún tienes estos problemas, ¿qué te parecieron nuestras sugerencias? ¡Cuéntanos!

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